Merkel, dueña de la política alemana


Ángela Merkel es un caso raro para la actualidad política europea. En un contexto de abruptos y constantes cambios, con gobiernos que se deshacen en cuestión de días y una volatilidad electoral nunca vista, la líder germana supo convertirse en la jefa de Estado con mayor antigüedad en el cargo entre las potencias del continente. Es canciller desde 2005 y, si no ocurre nada extraño, continuará manejando los hilos de la política local –y regional- por otros cuatro años más.

 

Eso es lo que indican todas las encuestas de cara a las elecciones nacionales del próximo 24 de septiembre. El Instituto Emnid, una de las consultoras más importantes de Alemania, sostiene que la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) de Merkel obtendrá el 39% de los votos, contra el 24% de su competidor más cercano, Martin Schulz, candidato del Partido Socialdemócrata (SPD). Y no sólo se trata de proyecciones a futuro: en lo que va del año, el oficialismo ya ganó tres elecciones regionales. Una de ellas en Renania del Norte-Westfalia, el Estado más poblado del país e histórico bastión socialista.

Si los pronósticos no fallan, Merkel accedería a su cuarto mandato consecutivo. Ganó las elecciones de 2005, 2009 y 2013. En la última obtuvo el 41,5% de los votos y le sacó más de 15 puntos de distancia a su rival más cercano. Los datos son incontrastables y nadie puede negar la popularidad de esta mujer de 62 años. Pero, a diferencia de lo que ocurre con otros líderes de longeva estadía en el poder, no se trata de una figura carismática. Por el contrario, cultiva el perfil bajo, viste sobria y mantiene un discurso típico de la centroderecha católica germana, firme ante cualquier incipiente gesto de cambio social. Entonces, ¿qué es lo que la hace imbatible en las elecciones?

Consultado por Acción, Franco Delle Donne, asesor en el Parlamento de Berlín, sostuvo que el fenómeno Merkel no se explica por “la generación de un culto a su persona”, sino más bien por la incapacidad de la oposición para presentarse como una alternativa. “Principalmente –dijo- esto obedece a que el centro del electorado alemán, de perfil conservador, rechaza la idea de un gobierno de izquierda liderado por el SPD”. A eso, agregó, se suma el desarrollo de la imagen de Merkel como una líder internacional fuerte, la buena situación económica del país y los errores cometidos durante la campaña por los socialdemócratas. “El SPD, por ejemplo, insiste con el tema de los impuestos. La incapacidad para comunicar este tema sólo genera miedo en el electorado de centro. Y como dice la primera ley de comunicación política, las elecciones se ganan en el centro del espectro político”, afirmó Delle Donne, coautor del libro “Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania”, de próxima aparición.

Por su parte, Martín Rodríguez Ossés, licenciado en Relaciones Internacionales y especialista en temas de política exterior europea, ve en Merkel una líder que “supo proponer caminos estables en un contexto de crisis”, por lo que “el electorado premió ese logro”. Al igual que Delle Donne, también hizo hincapié en las debilidades de la oposición. “Los partidos opositores –explicó- no logran consolidar bases electorales por su propia incapacidad. A esto debe agregarse el fenómeno migratorio, al que la oposición tampoco supo cómo responder”, explicó Rodríguez Ossés, co-director de la consultora MRO.

Justamente, el problema migratorio será uno de los principales desafíos internos en caso de que Merkel consiga la reelección. Alemania es uno de los países más codiciados por los refugiados, pero también uno de los que registra mayores índices de ataques racistas contra los recién llegados. Y ligado directamente a esta cuestión asoma el crecimiento de la ultraderecha, que cada vez obtiene más votantes y más representatividad política en un país que conoce, como ningún otro, el horror propio de la intolerancia y el totalitarismo.

Los retos no serán menores en el plano internacional. En relación con el Brexit y la frágil unidad europea, Delle Donne señaló que Merkel deberá poner en juego toda su capacidad para “transmitir un mensaje tan simple como fundamental: es mejor quedarse en la UE que salir”. La líder germana ya comenzó a trabajar en eso a fines de junio, cuando se reunió con el flamante presidente francés, Emmanuel Macron, para iniciar una reforma de la zona euro y así evitar futuras deserciones.

Merkel tendrá que liderar Europa en un contexto de incertidumbre, profundizado por las distintas crisis que emergen al interior del continente y por los planes de ajuste diagramados, justamente, desde Berlín. Pero también, como apuntó Rodríguez Ossés, deberá atender las “nuevas demandas y presiones” que representa el presidente estadounidense Donald Trump, con quien la canciller alemana ya tuvo varios chispazos. De hecho, en su paso por México, Merkel dijo que “la construcción de muros no va a ayudar”. No hizo falta siquiera nombrar al magnate neoyorquino para saber que el mensaje iba dirigido a él.

Si logra una nueva victoria electoral, Merkel podría gobernar hasta 2021. Serían, así, 17 años seguidos en lo más alto de la cúpula del poder alemán. Un récord que la emparentaría con otros jefes de Estado, como el presidente ruso Vladimir Putin, el turco Recep Tayyip Erdogan o el boliviano Evo Morales, habitualmente cuestionados por Occidente debido a la falta de alternancia política en sus respectivos países. En el caso de Alemania, y de Merkel en particular, eso no parece ser un problema.

RECUADRO: Aprueban el matrimonio igualitario

El Parlamento alemán aprobó a fines de junio un proyecto para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. La norma contó con el apoyo de una gran alianza centroizquierdista y algunos legisladores conservadores, que hicieron oídos sordos a las palabras de su máxima líder, Angela Merkel. “El matrimonio es, según la Constitución, una unión entre un hombre y una mujer”, había dicho la canciller germana. La votación en el Bundestag no estuvo desprovista de acusaciones entre los legisladores y desató una crisis al interior del gobierno alemán, dirigido por Merkel pero integrado también por miembros del SPD, que acompañaron la iniciativa.

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